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Vozinha por un día

Me gusta que Haaland lleve en la camiseta Braut Haaland, que le da como más solemnidad al tipo. Parece que mete más miedo así.

18 de junio 2026 · 7 comentarios


Querido Miguel, espero que estas líneas te encuentren bien.

Veo en Instagram que estás abrumado entre presentaciones y eventos de tu libro La Cultura del Desesfuerzo y yo lo celebro. Te lo mereces. Intuyo que entre tanta pompa y boato literario no le estás prestando demasiada atención al Mundial. No te estás perdiendo nada.

A mí, si te soy sincero, me está pasando una cosa que jamás me había ocurrido. Llevamos una semana de torneo y no acabo de entrar del todo. Lo achaco a la falta de interés competitivo de esta primera fase, eso de que haya doce grupos… ¡pero si hay hasta un grupo L, no me jodas! Recuerdo los mundiales de Alemania o Sudáfrica, en la que los niños como tú y como yo nos aprendíamos cada equipo de cada grupo, pudiendo decir con total precisión si Argelia había caído en el D o en el H. Supongo que los niños de 2026, vivan las ilusiones intactas, también serán capaces de tal hazaña.   

El exceso de equipos en esta edición, además del evidente bajón de nivel debido a la presencia de selecciones, digamos, exóticas (¿tú crees que es serio que en un Mundial juegue Curazao? ¿o Uzbekistán?) tiene una doble consecuencia desalentadora. Ocho de los mejores terceros, esto es, dos tercios, clasifican a la ronda de octavos, eliminando así muchas posibilidades de los batacazos siempre tan celebrados por los futboleros. ¿Qué tienen contra las sorpresas?

Qué te cuento que no sepas, querido, que todo redunda en una falta de competitividad y emoción que, a mí por lo menos, me desconecta de la competición. ¿Para qué nos sentamos delante de la tele, si no es por la emoción? Entre esto, la americanización del espectáculo (no puedo con las pausas de hidratación de cinco minutos por decreto) y demás ocurrencias, no está siendo el Mundial más atractivo. ¡Si hasta el otro día, en mitad del Francia - Senegal, el público se puso a cantar Lets go  Knicks, Lets go Knicks! USA y sus cosas. Todos los partidos me parecen amistosos. En fin, que este inicio mundialista está siendo un poco como bailar con tu hermana. Sí pero no. Espero, cuando lleguen los cruces, engancharme de verdad, porque así no hay manera y no creo ser tan viejo como para ir por la vida con tanto desencanto, renegando ya de un Mundial. Virgen Santa, a lo que hemos llegado. ¡Si yo antes de ayer era joven y salía entre semana y me corría sangre por las venas!

Le escuché una vez al actor argentino Diego Peretti que él fue consciente de su propia depresión jugando un partidillo, uno de esos que tanto nos gustan a ti y a mí. El caso es que al tipo le llegó el balón, y, sumido en su bajón como estaba, no tuvo ni el instinto primario de devolver la pared o empezar una conducción en solitario. ¡El pobre infeliz se quedó parado, con el balón bajo los pies, sin hacer nada! Ahí, decía Peretti, se dio cuenta de que estaba pasando algo grave. Ahí decidió que tenía que acudir al médico de manera urgente. Espero que a mí no me esté ocurriendo algo parecido, que solo sea un mal inicio del torneo y un sistema de clasificación de risa. Cosas de la edad, nada grave. Espero. 

Hay cosas, claro, que me están gustando. Me gusta que Haaland lleve en la camiseta Braut Haaland, que le da como más solemnidad al tipo. Parece que mete más miedo así. Me gustan las columnas de Granero en El País. Me gusta la equipación de Alemania y me gusta que, después de cada gol, por la megafonía suene el One More Time de Daft Punk, ese himno. En fin, estos yankees.

Y de España, ¿qué me dices? Te confesaré una cosa. Me alegré del empate. No estoy orgulloso, pero me cuesta ir con la Selección. No entiendo los motivos. En la Eurocopa de Alemania de hace dos veranos volví a sentir ese flechazo con nuestro combinado nacional. Ahora no, ahora algo se ha roto en mí. Lo descubrí el otro día viendo el fútbol con mi padre. Fue una acción muy concreta. Debía ser el minuto 75, en ese momento en el que cualquier cosa que suceda ya es definitiva. Lamine se marchó de su par y puso un centro, y yo, sin motivo aparente, celebré el despeje de un caboverdiano. Hasta ese momento me estaba haciendo gracia sus nombres pinotrescos, pero justo entonces fui consciente de que no quería que España marcase. Supongo que se me pasará. 

Me emocionó, eso sí, el tal Vozinha. Me emocionan estas historias. Héroes inesperados al borde de la jubilación, nombres que nadie ha oído nunca que, por un día, copan las portadas y se cuelan en las conversaciones de medio planeta. Ya sabes que soy futbolista. Aunque no ejerza, aunque no haya llegado lejos. Aunque no sepa controlar un balón con la zurda. Pese a todo soy futbolista. Vivo en futbolista y pienso en futbolista, y quizá por una especie de empatía gremial, cuando me topo con una historia así, me emociono. Es una sensación maravillosa comprobar que todavía te sigues emocionando con el deporte. Qué grande, Vozinha, me has hecho ver que sigo vivo, que de toda esta pasión gastada aún queda hueco para historias como la tuya. ¿Cuánto tardaré en olvidar tu nombre? Héroes efímeros de Mundiales, ese oficio. ¿En quién piensas, Miguel? En mi memoria siguen vivos Tshabalala o Al Dawsari. ¿Qué será ahora de ellos?

Me recuerda un poco, ya conoces mi afición por el ciclismo, a esos corredores segundones que se meten en la fuga, que aguantan sabe Dios cómo y que empiezan la ascensión al puerto solos, todavía en cabeza pero sin ninguna opción de vencer la etapa, y les ves que están asfixiados, que no pueden dar una pedalada más pero ahí siguen, con el corazón a punto de salir por la boca, agonizando en las primeras rampas del Tourmalet o de Hautacam, pasando los primeros entre una multitud enfervorecida. Qué momento ese. Te juro que daría años de vida por vivir ese momento. O por ser como Vozinha el otro día. Un ratito de gloria y se acabó. Un ratito de gloria y el lunes a la oficina. Pongamos que, si todo va bien, la fecha de mi muerte está fijada en, ¿qué? ¿en los 90 años, por ejemplo? Bueno pues a mí no me importaría sacrificar cinco años del calendario con tal de sentir todas esas toneladas de grandeza una tarde tonta. Por vivir algo así, por ser Vozinha por un día.


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