__MESSAGE__
Impuesto revolucionario
Delante de mí iba un niño. Llevaba uniforme de colegio y pantalón corto. Deduje por el elástico de sus calcetines que no era hijo único.
12 de noviembre 2025
Delante de mí iba un niño. Llevaba uniforme de colegio y pantalón corto. Deduje por el elástico de sus calcetines que no era hijo único.
En realidad yo no tenía que ir a por nada al super, pero allí estaba. Le debía una lata de anchoas a mi compañera de piso (porque sí, uno llega a una edad en la que usa el “laterío” para cocinar), de modo que entré allí para saldar mi deuda como el hombre que intenta llegar a final de mes sin tener que pedirle pasta a ningún mafioso con un traje de Armani que pretendo ser.
Entre los “Ding dong ding” y un “Nicolás, acuda a caja por favor” que tuvieron que repetir tres veces (¿Qué tramabas, Nico? ¿Tienes un rollete con la del obrador?), reptaba por los pasillos intentando que las ofertas no me viesen a mí -que no yo a ellas- para intentar salir de allí con el menor número de objetos posible. Fallé. Como Cristiano y Kaka’ contra el Bayern en aquellas semifinales de Champions. Como Verdasco contra Gasquet en la famosa final de Niza. Y ahí estaba yo, sin anchoas pero con un bote de pesto, una burrata, algo de pollo y una carne picada, supuestamente ecológica, esperando en la cola del supermercado maldiciendo creerme Ratatouille.
Delante de mí iba un niño. Llevaba uniforme de colegio y pantalón corto. Deduje por el elástico de sus calcetines que no era hijo único. Muchas veces juego a eso por aburrimiento. ¿Cómo se llamará? ¿Qué querrá ser de mayor? Estaba feliz porque ese día le tocaba ser mayor. Había ido a la compra solo, pagaría en efectivo y, junto con el ticket de compra, le daría la vuelta a sus padres. Era un chavalito con responsabilidades que las pide a gritos. Como el bueno del equipo y el malo también. Mientras esperaba, se apoyaba en la caja y se rascaba con su zapato negro reglamentario la pierna contraria. Envidié mucho a ese niño en aquel momento. Ahora mismo también. Está en la edad de desear ser mayor, pero a la vez el tiempo pasa todavía despacio. Si tiene perro es probable que ya lo haya sacado solo a pasear. Otra cosa de mayores que seguramente le haga sentirse invencible.
Al fijarme en su compra vi que algo no cuadraba: llevaba dos barras de pan, pero a una le faltaba el culo -o el pico o como se diga-. Miré su mano y encontré la prueba del delito. Sonreí. “Ahí está el tío” pensé. Quiere ser mayor, pero -gracias a Dios- sigue siendo un niño. Todos nos aferramos a nuestra infancia de alguna manera particular, pero hay cosas que nos unen. El chaval se ha tomado la justicia por su cuenta. Porque va a dar en ticket y el cambio en casa, pero el culito del pan es suyo. Una contraprestación masticable por el trabajo bien hecho. El impuesto revolucionario que todos hemos llevado a cabo siendo niños y que, cuando lo seguimos haciendo, deseamos con todas nuestras fuerzas volver a serlo.
¿Qué opinas?
Sin comentariosPor aquí todo bien, menos yo
Por Álvaro González
Ni yo soy Bill Murray ni Scarlett Johansson está a tu altura.
La muerte vive en mi calle
Por Álvaro González
La muerte vive en mi calle y pasea un bichón maltés. La veo mínimo un par de veces por semanas. No miento. Camina más que John Travolta en Saturday Night Fever, pero a su ritmo. Despacio. La muerte cojea levemente.
Demasiadas burbujas
Por Álvaro González
Uno llega a un spa un poco como la primera vez que entra en una de esas clases de gimnasio dirigidas en las que el profesor tiene una energía desbordante. No sabe muy bien qué hacer o de qué va la película, pero lo piensa probar todo.
La palabra y el sexo
Por María del Mar Ramón
Me gusta decir que se me pegan los acentos porque no tengo personalidad. Me gusta decir eso y que la gente me mire con un poco de lástima y otro poco de condescendencia
Córtenla
Por Elena Carmona
No caímos en que poco menos de veinticuatro horas después de aterrizar en Buenos Aires se celebraría la final del Mundial. Él vive en España desde 2013, aunque dice que trabaja de argentino porque toca el bandoneón y se gana la vida como músico de tango.
Xiringüelu y nada más
Por Álvaro Boro
Es imposible que les cuente lo bueno que es este día, lo felices que nos hace a tantos, si no lo han vivido. Conozco a gente que vino desde el lejano Oriente para tomar unos culetes de sidra, dejarse achicharrar por el sol, recibir unos abrazos y respirar ese polvillo de la arena y quitar mocos negros dos o tres días después.
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Álvaro González
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES