__MESSAGE__
La fortuna de poder volver
Tras cuatro años en Madrid todo lo que uno tiene en su ciudad natal son recuerdos que cada vez se van espaciando más en el tiempo
10 de septiembre 2025
Tras cuatro años en Madrid todo lo que uno tiene en su ciudad natal son recuerdos que cada vez se van espaciando más en el tiempo
Observo desde la cafetería de la estación como la cola para el control del tren que me llevará de regreso a Madrid. Comienza a llenarse de gente con maletas donde perfectamente podrían entrar un par de cadáveres bien descuartizados, pero que en realidad están llenas de ropa de verano que irá directa al armario y algún que otro túper que cualquier madre siempre tiene a mano para el hijo que vuelve a irse de la que ya no es su casa sino la de sus padres. Puede que uno de los grandes choques de vivir fuera haya sido dejar de ver mi casa como propia para considerarla un lugar de paso. Tras cuatro años en Madrid todo lo que uno tiene en su ciudad natal son recuerdos que cada vez se van espaciando más en el tiempo. Porque los amigos que quedaban empiezan a encontrar su sitio en las grandes ciudades, los padres jubilados empiezan a cogerle el gusto a viajar a la capital y, salvo fechas señaladas, expediciones al monte o partidos de fútbol uno regresa poco.
No sé si está bien o mal, pero para mí no tiene nada de negativo y me parece lógico el desapego que poco a poco y de manera natural se va produciendo. Soy consciente de la distancia que me empieza a separar de Oviedo cuando camino por la calle y los comercios donde compraba de pequeño ya no están abiertos porque han sido sustituidos por una tienda de teléfonos, un local de uñas o un café de especialidad. Ni siquiera las provincias se resisten a las modas transitorias que van cambiando los escaparates cada cuatro o cinco años. Es lo normal porque la juventud, aunque cada vez sea menos numerosa en Asturias, tiene que ver cubierta su demanda de modernidad por algún lado. La ansias de adolescencia de unos suelen provocar la nostalgia de otros.
Por suerte todavía quedan restaurantes que resisten al paso del tiempo y que, cada vez que vuelvo, me hacen viajar al pasado. Me parece muy importante no dejar que esos lazos se pierdan. Desprendernos de las raíces es un lujo que no podemos permitirnos. Por mucho que uno le tenga que agradecer a Madrid, que es la ciudad que me está tratando de hacer un hombre, no debo olvidarme de que una parte muy importante de mi personalidad, de quien soy, está en las calles de Oviedo, en una casa de Pola de Lena y, si se me permite, en los veinticuatro veranos que llevo disfrutando de Castilla y Galicia.
Está muy bien tener la oportunidad de irse a vivir fuera y recorrer el mundo. Es más, quien tiene la posibilidad debería de tener la obligación de experimentarlo, pero cuando llegan la Navidad, las vacaciones o los cumpleaños todos queremos lo mismo. Tener un lugar al que regresar, una familia a la que abrazar y unos amigos a los que contarles nuestros fracasos. Sentarnos alrededor de una mesa y ver cómo hemos crecido y evolucionado. Sentir que formamos parte de una tribu que, poco a poco, ha ido cimentando el terreno sobre el que construir un futuro en el que no se olvide que lo único bonito de tener que irse es saber que hay alguien que te espera a la salida de un tren o al otro lado de la puerta. No importa haber ganado un Grand Slam en América hace un par de días o trabajar en la Torre Picasso hasta las dos de la noche. Valorémoslo antes de que sea tarde y el silencio sea lo único que nos espera cuando la llave se gira o el tren se frena.
Sigue a Jaime Clemente Hevia
Recibe un email con todos los nuevos artículos de Jaime Clemente Hevia
¿Qué opinas?
Sin comentariosCerrad la boca
Por Jaime Clemente Hevia
Tengo la mala costumbre de que me gusta comer. Mucho. Muchísimo. Voy al gimnasio no solo para estar en forma sino para poder comer todo lo que quiero y cuando quiero.
Abrázalos
Por Jaime Clemente Hevia
No te preocupes, Hansi. No trates de entenderlos. Simplemente, abrázalos.
Lola & Cristina – Amargo Experience: Cuando lo vivido se convierte en conversación
Por Jaime Clemente Hevia
Forman parte de esa generación que no espera a que alguien le dé permiso para hacer cosas.
Levantar cabeza
Por Patricia Conor
El día que empecé a pensar este texto yo cruzaba los antiguos Callejones de El Perchel, de camino a la manifestación por la vivienda del 9 de noviembre de 2024. Caminaba hacia delante cuando el sonido de una grúa de demolición me sacó de mi ensimismamiento. Alcé la cabeza y observé atónita cómo una bola de derribo impactaba contra el muro de piedra que hasta entonces las vecinas, que miraban conmigo, habían llamado barrio, habían llamado casa.
a cuerpo triste.
Por carlotta cosials
me mudé hace unos años y (estúpida ambiciosa) decidí comprarme una cama gigante porque pensé (me prometí) que nunca volvería a vivir en una habitación tan pequeña como para que mi nueva cama gigante no cupiese.
Mi corazón es un call center
Por Nadia Risueño
me gustaría tener un novio sólo para textearle que viviese muy lejos y que nunca quisiera verme, sólo mantenerme entregada al texting, soltarme las mayores burradas, las mejores poesías, tenerme online todo el día, tenerme caliente todo el día que me pague por escribirle, que haga de mis chats mi trabajo full time con seguridad social incluida cotizando por escribirle entre las preguntas abismales y el sexting más asqueroso
Abónate a sustrato.
Apoya el trabajo de Jaime Clemente Hevia
Lee a tus autores favoritos y apoya su trabajo independiente y audaz.
VER PLANES