Queridísima Mina: resulta que sí soy humana, a pesar de todo
Ursula K. Le Guin recoge que el primer utensilio de nuestra civilización probablemente fuera un recipiente.
21 de agosto 2025
Por Sofía Lemoine
21 de agosto 2025Ursula K. Le Guin recoge que el primer utensilio de nuestra civilización probablemente fuera un recipiente.
Queridísima Mina:
He pasado estos días cerca del mar. Nadar entre los peces siempre me he hecho sentirme una de ellos y no solo un gran mamífero capaz de flotar y moverse con velocidad en el agua. Avanzando entre las olas me acuerdo de la “belleza cinética” de la que habla Foster Wallace y que contó Carmen en algún salón:
“Con lo que tiene que ver en realidad es con la reconciliación de los seres humanos con el hecho de tener cuerpo”. Un cuerpo que durante unos segundos está en total armonía con el paisaje.
Y ese pensamiento me acerca a mi naturaleza humana.
Tú, que me conoces desde niña, recordarás mi obsesión por los guijarros en la orilla del mar. Esta mañana, nadé con las chicas hasta una cueva y allí elegí unas piedras minúsculas que por sus colores representaban mejor el paisaje. Volví a tierra firme con ellas en la mano. El puñito cerrado dificultaba mis brazadas, pero el tesoro llegó a salvo para enseñárselo a las demás.
Te cuento esta escena por lo que encontré luego en una lectura que tenía guardada para la siesta y que creo que te gustará. Es un artículo de Ursula K. Le Guin que reflexiona sobre la ficción como una bolsa de transporte (lo compartió en algún sitio la actriz Cristina Marín-Miró).
En él, la autora se reconoce alejada del relato del ser humano primigenio como un cazador armado con palos, lanzas y otros objetos puntiagudos que cortan, golpean y penetran. Citando a Elisabeth Fisher (Woman's creation, 1979), LeGuin recoge que el primer utensilio de nuestra civilización probablemente fuera una recipiente. Y dice:
“Si es humano poner algo que quieres, porque es útil, comestible, o hermoso, en una bolsa, o un cesto, o en un poco de corteza enrollada o en una hoja, o en una red hecha con tu propio pelo, o lo que sea, y luego llevártelo a casa, siendo la casa otro tipo diferente de saquito o bolsa, un recipiente para personas, y más tarde sacarlo y comértelo o compartirlo o guardarlo para el invierno en un contenedor más sólido, o ponerlo en el botiquín o en el altar o en el museo, en el lugar sagrado, en el área que contiene lo sagrado, y luego al día siguiente probablemente hacer más de lo mismo — si hacer esto es humano, si esto es lo que se pide, entonces, resulta que sí soy humana, a pesar de todo. Completamente, libremente, alegremente, por primera vez.
¿No es de lo más curioso? Le Guin celebra su reconciliación con el ser humano y me enseña que mi obsesión por los guijarros está igualmente en nuestra naturaleza.
Pero el punto de su ensayo va un poco más lejos. La autora se lo lleva a su terreno y contrapone el relato del héroe (lineal como un flecha) a la ficción como una bolsa de transporte. En concreto, concibe la novela como una “bolsa/vientre/caja/hogar/botiquín” que contiene personas y situaciones “con una relación particular, poderosa entre sí y con nosotros”.
La recolección de todo lo rico del mundo (y no el conflicto) está en el centro de todo.
Y tú, ¿cómo has pasado estos días calurosos?
Te quiere siempre,
PD. Léele esta carta a Oscar y recuérdale que no deje basura ni se lleve nada de las playas.
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